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La krakatita (Karel Čapek)




La krakatita (1923) [El Olivo Azul, 2010.] Subtitulada (no sé si por el traductor) "Una fantasía nuclear".

Prokop, un ingeniero excéntrico, descubre un explosivo siniestramente similar a la bomba atómica, la krakatita, descubrimiento que le roba su ex colega Tomeš en el transcurso de una enfermedad grave. Puesto que todo el mundo lo quiere, el protagonista será recluido por el gobierno en una base militar con laboratorios, de donde rescatado por una organización revolucionaria. Tras una serie de complicadas persecuciones y enredadas aventuras, incluida una mujer con velo, una princesa y una joven adolescente, todo acaba en una explosión y en un encuentro alegórico, irreal, con una reflexión sobre el sentido del mundo.

Novela antiutópica, visionaria teniendo en cuenta que fue escrita en 1923 o 24, pero no tanto teniendo en cuenta la Gran Guerra. Más interesante intelectual que literariamente, la fábula falla, aunque tal vez me paso. De estética a veces cubista, a veces impresionista, a menudo simplemente alucinatoria y alucinógena, contiene referencias que pueden ser freudianas, pero también cristianas y platónicas, como la conversación final entre el viejo y Prokop. En suma: una gran novela por la idea general y algunas escenas, como el final.





Después de una explosión de krakatita - no provocada por Prokop, sino probablemente por Tomeš - que destruye totalmente una ciudad matando a miles de personas, el protagonista se encuentra en el bosque con un (¿su?) "abuelo", montado en un carro y dando lecciones de filosofía, sonando como el auriga del Fedro:

«—Abuelo —se le escapó a Prokop—, ¿por qué me ha ocurrido todo esto? —¿Cómo? —¿Por qué me han ocurrido tantas cosas? El anciano reflexionó. —Sólo lo parece —dijo finalmente—. Lo que uno se encuentra proviene de su propio interior. Simplemente se desenrolla fuera de ti como un ovillo. —Eso no es verdad —protestó Prokop—. ¿Por qué me topé con la princesa? Abuelo, usted… usted quizás me conoce. Pero si yo estaba buscando… a la otra, ¿no? Y sin embargo, ocurrió. ¿Por qué? ¡Dígamelo! El anciano caviló mientras mascullaba con sus blandos labios. —Fue por tu orgullo —dijo pausado—. A veces le ocurren estas cosas a la gente, sin saber cómo, pero era algo que estaba en su interior. Y empieza a agitar lo que está a su alrededor… —Se lo demostró con la fusta, de tal modo que el caballito se asustó y empezó a correr—. Prrr, ¿qué?, ¿qué? —se dirigió con una vocecilla fina al caballo—. Lo ves, esto es justo lo que ocurre cuando una persona joven se revuelve; todo se desboca con él. Y tampoco hace falta realizar grandes hazañas. Siéntate y presta atención al camino; vas a llegar igual.
[…]
Uno… debe pensar más que sentir. Y tú te abalanzabas sobre todo como disparado.
[…]
El que mira a lo más alto aparta su mirada de la gente.»



Lectura literaria del mundo: el viejo, el "abuelo", una imagen alucinatoria que luego resulta la del padre de Prokop, le muestra "el mundo", una caja con fotos o dibujos de monumentos famosos (el templo de Hera en Agrigento, el castillo de Pernštyn… etc.)  pero también montañas y la explosión final de Grottup (ciudad) donde se trabajaba sobre la krakatita o había krakatita…  Parece decir: lo humano es lo más grande y lo más terrible, por ello mejor no soñar demasiado.  Los sueños de la ciencia no son puros: hay que pasarlos por el universalismo del deseo, de los sentimientos, de la vida.

…Y el artefacto literario (se nos muestra) forma el crisol simbólico que revela lo grotesco de los deseos de poder, dominación y muerte del mundo.

En la última página «A Prokop se le llenaron los ojos de lágrimas por una ternura heladora. «Pero si es… ¡pero si es mi difunto padre!», le vino a la cabeza. «¡Dios, cómo ha envejecido! Su cuello no es ya más que pellejo…». —Prokop, ¿estás dormido? —susurró el anciano. —No —respondió Prokop, estremecido de amor. Entonces el viejecito empezó a entonar suavemente una canción queda y extraña: «Lala jou, dadada pan, binkili bunkili jou ta ta…». Prokop se sumió por fin en un tranquilo y fortificante descanso libre de sueños.»

El final es de lo más extraño y raro. El “Lala jou, dadada pan, binkili bunkili jou ta ta”, no tengo ni idea de qué es. ¿Referencia oculta a las vanguardias del tipo dadaísmo, o al formalismo, a Chlebnikov y la poesía como sonido… las dos más o menos de 1916? Ni puta idea, pero es posible.
  
Karel Čapek, otra vez (lo conocí en La guerra de las salamandras (1936) y R.U.R. [Rossumovi Univerzální Roboti, 1920]), me parece un escritor de ciencia ficción que roza lo visionario, pese a la ñoñería de tantos pasajes e ideas. Sabe dónde están las contradicciones y problemas fundamentales del  tiempo que le tocó vivir, sabe describirlos y escribirlos bien, con estilo, y aunque su mirada sea siempre la empañada mirada artística del campo literario, es decir: todo sesgado desde un universalismo a menudo inmaculado. 

Es posible, sin embargo, que "visionario" sea el género en el que escribe, la ciencia ficción, que en el período de entreguerras daría unos frutos cuyas formas presentes y futuras estaban en el aire espectral de los círculos científicos, filosóficos y, como se vio, políticos.

«Si quiere, haré explotar una tonelada de bismuto; hará saltar en pedazos el mundo entero, pero da igual. ¿Quiere? —¿Por qué iba usted a hacerlo? —Es… interesante desde el punto de vista científico.»

O la lluvia negra sobre Hiroshima y Nagasaki.

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